Desde el año 1980 que dio inicio el registro de casos de dengue nuestra región ha experimentado varios brotes del mortal virus. Pero ninguno como los brotes del año 2019 y del 2024 este último ocupa el primer lugar históricamente con el reporte de más de 13 millones de casos, triplicando los casos del 2023. Más de 22.000 de estos casos fueron graves, y se han reportaron más de 8.100 muertes.
Varios países del continente fueron de los más afectados entre ellos Argentina, Brasil, Colombia y México juntos concentraron el 90% de los casos y el 88% de los decesos. El gigante sur americano Brasil registro la mayor parte de estos casos a pesar de haber implementado diversos programas de control vectorial entre los más publicitado el proyecto de la WOLBACHIA sin obtener resultados positivos como lo muestran sus registros que fueron los más altos en la región.
Argentina por su parte comenzó el año con un brote de dengue extremadamente agresivo jamás visto y en el primer trimestre superaba ya los registros históricos a pesar que también puso en práctica un programa nuclear para esterilizar a los mosquitos igual sin resultados. Por otro lado, Colombia pese a estar implementando también el proyecto de la WOLBACHIA desde hace varios años igual se vio severamente afectada por el mortal virus. La región centroamericana no escapo a los contagios ya que Guatemala, Nicaragua y Honduras fueron de los países más afectados. Siendo nuestro país el que más casos reporto con más de 200,000 casos y más de 200 personas perdieron su vida a causa del virus, extrañamente también implemento el proyecto de la WOLBACHIA en una zona de la capital y en otras zonas se implementó el rociado de paredes con insecticidas residuales y la aplicación de discos plásticos de piriproxifeno en las pilas esto como medida de prevención y control del mosquito en su estado adulto y acuático. Este programa se implementó por la organización de médicos sin fronteras sin demostrar resultados positivos ya que no freno los contagios en las zonas intervenidas.
La organización panamericana de la salud explicó que el brote del 2024 estuvo fuertemente relacionado con eventos climáticos que favorecieron la proliferación de mosquitos, así como los temas de siempre, la urbanización no planificada, la acumulación de agua por parte de las personas y el manejo deficiente de residuos, factores que incrementan los criaderos para el vector.
A pesar de que todo parece estar muy claro sobre los acelerantes que favorecen al virus, este organismo no entra en detalles sobre nuevas estrategias de como poder enfrentar estos brotes, lo que es preocupante. Y solo se limita a decir que “no estamos indefensos frente al dengue”, y mencionó la implementación de la Estrategia de Gestión Integrada para la Prevención y Control de Enfermedades Arbovirales. Este sistema esta siendo implementado en América latina pero los resultados no se visualizan.
Por el momento los ojos están puestos en las vacunas como medida de alivio contra el dengue y han sido introducidas en países como Brasil, Argentina y Perú, y Honduras planea hacerlo en 2025. Sin embargo, el director de la OMS Jarbas Barbosa señaló que “la vacuna actual no detendrá la propagación del virus a corto o mediano plazo y no proporciona alivio inmediato durante un brote”.
La OPS/OMS está apoyando el desarrollo de un modelo de sistema vigilancia epidemiológica integrado para dengue, chikunguña y Zika. Este modelo integra la vigilancia epidemiológica, clínica, laboratorial y entomológica para generar información estandarizada y oportuna para la toma de decisiones.
Todo parece suponer que tendremos más de lo mismo en el 2025 y seguirá siendo el cambio climático el responsable de nuevos brotes evitando profundizar en las limitantes que tienen los países para enfrentar estos eventos, por lo que el panorama se vuelve desalentador y parece dejarnos a merced del mosquito aedes aegyptis y a la benevolencia de clima.
Conclusiones
La crisis del dengue en América Latina es un claro indicativo de que las estrategias actuales son inadecuadas para afrontar el problema en su totalidad. A pesar de la identificación de factores que facilitan la proliferación del virus, las respuestas han sido limitadas y, en muchos casos, ineficaces. La comunidad científica, las organizaciones de salud y los gobiernos deben reevaluar sus enfoques y priorizar la investigación y el desarrollo de soluciones innovadoras que aborden tanto el vector como el virus de manera efectiva.
No se han hecho los esfuerzos necesarios por desarrollar verdaderas tecnologías que realmente enfrenten al virus y lleguen a frenar los contagios y no le sigan dando más ventajas a los mosquitos. La lucha contra el dengue no puede basarse únicamente en intervenciones paliativas; se requiere un compromiso renovado hacia la investigación, la educación y la participación comunitaria para frenar la propagación de esta enfermedad que, a pesar de ser prevenible, sigue causando estragos en la salud pública de la región. La implementación de soluciones integrales y sostenibles será crucial para garantizar un futuro más saludable y libre de dengue en América Latina.